Vivir en Asia
Vivir en Asia: lo que nadie te cuenta antes de mudarte

Viví tres años en Koh Tao, Tailandia. Desde fuera parecía unas vacaciones infinitas; desde dentro era una vida normal, con la diferencia de que la oficina estaba a veinte metros del mar.
Lo primero que nadie te cuenta es que mudarte a Asia no es un viaje largo: es empezar de cero. Y empezar de cero implica papeles, rutinas, facturas y decisiones poco fotogénicas.
Los visados son el tema más serio. En la mayoría de países del Sudeste Asiático no puedes quedarte indefinidamente con un visado de turista, y el trabajo legal exige un permiso que depende de la empresa que te contrate. Antes de comprar el billete, entérate de cuánto tiempo puedes estar, cómo se renueva y qué te va a costar cada renovación.
El presupuesto también engaña. Vivir en Asia es barato en comida local, transporte y alquiler; deja de serlo en cosas importadas, seguros médicos, vuelos de vuelta a casa y salidas del país para renovar el visado. Mi regla: calcula tu gasto mensual real y súmale un 30% para imprevistos.
Necesitas un colchón. No te mudes con el dinero justo del primer mes. Un buen amortiguador son tres meses de gastos y el billete de vuelta guardado; no para volver, sino para poder decidir con calma si algo se complica.
La aventura se sostiene sobre cosas aburridas: un seguro médico decente, una cuenta con algo de ahorro y un visado en regla.
La sanidad merece un párrafo aparte. Los hospitales privados en Tailandia son excelentes, pero se pagan. Un seguro internacional que cubra accidentes de moto (la causa número uno de sustos entre extranjeros) no es un lujo, es lo primero que contrataría otra vez.
Y luego está la parte emocional, la que casi nunca aparece en las fotos: los cumpleaños que te pierdes, los amigos que se van cada tres meses porque su visado acaba, la nostalgia que llega sin avisar un martes cualquiera. Vivir en el paraíso no te ahorra los días grises.
Lo que sí te da es una vida mucho más consciente: menos cosas, más tiempo, gente de todo el mundo y la certeza de que eres capaz de construir un hogar prácticamente en cualquier parte.
Si estás valorándolo, mi consejo es que no lo hagas de golpe. Vete tres meses primero, vive como si ya vivieras allí (mercado, alquiler mensual, rutina) y luego decide. Sabrás en seguida si es tu sitio.